domingo 6 de septiembre de 2009
Del Cocholgüito Futbol Club a la artesanía en maceteros
domingo 22 de marzo de 2009
La intención es la que vale

En esa búsqueda puede que nunca se llegue a acceder al objeto primero de ella, pero aunque sea así, siempre es un camino de aprendizaje y descubrimiento. Se aprende, por ejemplo, lo poco que es una luca; se descubre la necesidad de mercado –que uno nunca quiso creer que existía- de esas tiendas que no hay en Conce y que dicen en un letrerito: “Bazar, paquetería, regalos”; se da uno cuenta de cómo no conoce nada del sentido estético de una coterránea amiga de tantos años; y – ¡oh, mis lectores dudarán de mi sano juicio!- hasta se llega a vislumbrar en algún momento la sensación propia femenina de que el tiempo pasa más rápido cuando se está vitrineando; y en ese instante filosofal, encandilado por la cercanía del umbral de la comprensión de lo incomprensible y de la hora en que había que llegar a la junta, compra uno cualquier cosa (con algún secreto temor de la otredad, propio del heterosexual fundamentalista).
En Navidad todas las tiendas (hasta las picadas menos canónicas) envuelven todo lo que uno compre, aunque no sea regalo (el lector creerá que exagero, pero una de las peores rabias fue la que pasé cuando me costó un mundo abrir el papel de regalo sellado con cinta en que venía el confor que compré “por apuro” un 22 de diciembre); pero en marzo – ¡por qué hay cumpleaños en marzo!- nadie está dispuesto a estresarse por eso. No pude evitar recordar esa pila de papeles de regalo que quedaron de Navidad y que había botado la semana pasada, después de que anduvieron meses haciendo bulto por los rincones más inesperados de la casa. Lo recuerdo bien: “para qué me van servir estos papeles”, dije, y emulé un comentario tan tradicional de mi padre: “nunca se van a ocupar; es pura basura” (y él guarda los tarros de pintura vacíos, según posteriormente rememoré).
P.S.: Recién ayer, realizando el rito anual del aseo, reubiqué por última vez el pliego y medio de papel de regalo que me sobró: lo eché al tarro de la basura.
domingo 30 de noviembre de 2008
Notas sobre cromonomia femenil
Locke, en el siglo xvii, postuló (y reprobó) un idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera un nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo.
Borges, Funes el memorioso
La historia del misterio de las mujeres y su oculta relación con los colores es un relato lleno de episodios sórdidos. Rastrojeando en los anaqueles de librerías de viejos en el centro de Concepción, en una con la que hasta ahora no había topado (cuya utópica condición de poseer miles de títulos sin repetirse ninguno, no vender peluches y no contar entre sus títulos con la novelización de la película Rambo VIIXD me hace reservarme egoístamente el secreto de su ubicación exacta) hallé un empolvado volumen de las extraviadas e incompletas Obras Completas del semantista preestructuralista español Bartolomé Provoste y Gil (1786-1852). En las apolilladas y hediondas páginas de esta reliquia (publicada en 1801 por el mismo Bartolomé Provoste; de ahí su carácter de “incompleta”), cuyo olor creo atribuir a la humedad penquista, se dedica un pequeño apartado al asunto de los colores y sus diferencias de categorización entre hombres y mujeres; en él se da cuenta de la disputa entre preestructuralistas y otro grupo que no creía que llegaría el estructuralismo; los contra-preestructuralistas defendían la tesis de que las mujeres eran fisiológicamente capaces de distinguir más colores y que esta condición se reflejaba en su léxico para referirse a ellos; los preestructuralistas ya se acercaban a la respuesta estructuralista: proponían que en realidad no veían más colores, sino simplemente que eran más catetes (según ellos –bastante adelantados a su época-, las mujeres en realidad no respetaban una especie de pacto tácito al comunicarse: la voluntad de que el otro entienda).
El grupo de los contrapreestructuralistas de Viena editó con fondos propios en 1804 el Diccionario Ilustrado de Colores de Mujeres, mamotreto de 735 páginas que contenía más de 100.000 entradas de nombres de colores con su respectiva imagen de muestra; la reedición de 1812 introdujo algunas notables mejoras que en parte sirvieron para afianzar el prestigio del texto; entre estas mejoras, la más relevante fue su edición a todo color y no en blanco y negro, como la anterior. Como ejemplo de algunas entradas léxicas de este diccionario, presentamos una muestra de algunas de las palabras de la sección dedicada al amarillo:
(Nota: para los contrapreestructuralistas no existe el "amarillo" normal, prototípico; cualquier amarillo merece un apelativo. Precisamente esta decisión lexicográfica les acarreó la respuesta enérgica de los anti-contrapreestructuralistas).
Los pro-preestructuralistas de 1840 ya tuvieron datos suficientes para afirmar que las mujeres que ven efectivamente más colores que los hombres son casos raros que traen genéticamente un fotopigmento más que el resto de los mortales, lo que las hace multiplicar por 100 el número de tonalidades que distinguen con respecto los demás (nuestro más sincero pesar por el hombre que tenga la difícil condición de ser la pareja de esas pocas mujeres 100 veces más catetes con los colores). Con el resto de las mujeres, al menos en esto, somos iguales. Así es que, ellas podrán tener más capacidad que los hombres para ver pelos mal afeitados, pedazos de cilantro en los dientes de las amigas que les caen mal o piel reseca limpiable con saliva en el cachete del hijo, pero no ven más colores que los hombres. De todas maneras, los normales somos capaces de distinguir la nada despreciable cantidad de 1.000.000 de tonos.
Como ya sospechaban los preestructuralistas, la razón de la histórica diferencia a este respecto se halla en un asunto de voluntad y de categorización: la comprobada falta de voluntad de las mujeres para que uno les entienda se traduce en una categorización excesiva de los colores (vemos lo mismo, pero ellas le ponen más inútiles nombres a las sutiles diferencias cromáticas). Es decir, es un asunto estrictamente lingüístico, semántico estructuralista, y no de capacidades visuales.
Por eso es que si queremos avanzar en este tema, se debe proponer un programa de trabajo desde la lingüística: lexicología y semántica. Pero el problema, lejos de verse solucionado, adquiere mayores retos: este estudio pide tener que acceder a la conciencia lingüística de las hablantes y, si hay algo más complejo de estudiar que la inaccesible visión de otra persona, ese algo son los procesos mentales de las mujeres que, por estimaciones propias, poseen índices de correlación entre proceso mental-comportamiento cercanos a 0; es decir, uno nunca puede saber, a partir del comportamiento, qué diablos están pensando las mujeres, lo cual hace virtualmente imposible el trabajo desde una perspectiva conductista. El lector entendido dirá “pero que viejo, cómo todavía en la línea conductista”, pero resulta que el marco teórico lingüístico implícito en el actuar femenino hace imposible realizar este trabajo a partir de semánticas en boga en nuestra época, como la semántica cognitiva. Fervientes partidarias del estructuralismo, ante cualquier tentativa masculina de dar un nombre “errado” a la zona gris existente entre el prototipo de un color y el prototipo de otro, responderán –en un implícito análisis componencial tajante-: “¿dónde le ves el verde a eso?”. Algunos lingüistas se han atrevido a buscar sistema en el comportamiento de las mujeres; sus resultados, aunque prometedores, son todavía incompletos y se recogen en un Esbozo de Diccionario de términos femeniles y sus significados.
Los semantistas estructuralistas se engolosinaron con su respuesta y se limitaron a diagnosticar la obsesiva categorización de colores de las mujeres como “el mal de Funes” (análogo al afán del célebre Ireneo Funes por poner un nombre distinto a cada perspectiva distinta de cada objeto del mundo, por ser incapaz de concebirlos como una sola entidad conceptual, por muy naturalmente semejantes que fueran). Y –según ellos- san se acabó. Sin embargo, para quienes tenemos que lidiar día a día con esta patología terrible, se hace cada vez más necesario que los lingüistas dejen de sacar la vuelta y se dediquen a investigar sobre si hay una sistematicidad en este desconocido fenómeno.
El impacto de una completa cromonomia femenil en la sociedad se prevé mayúsculo: por fin los hombres tendrían la posibilidad de realizar una actividad antes vetada, como es echarse toda la tarde en acompañar a una mujer a comprar ropa (y no comprar nada); por fin se podrían dejar de regalar esas cómodas rosas de última hora para el cumpleaños y, en su lugar, se podría asistir confiado a comprar alguna absurdamente cara prenda de ropa, sin temor de encontrarse con ininterpretables muecas cuando ella vea esa prenda que uno juraba que iba a combinar con sus zapatos; por fin podría uno asentir con algo de convencimiento cuando ella se espantara de la chaqueta que se compró la yegua esa (y que si no hubiera sido por las salvadoras rosas, capaz que se la hubiera regalado para el cumpleaños); y un largo etcétera (porque el corto es así: “etc.”).
El corolario necesario de esta exposición es: ¡ya pues, lingüistas, dejen de andar transcribiendo enunciaditos y pónganse de cabeza a trabajar!
miércoles 6 de agosto de 2008
"La huída", interpretada por Acullá
Es "La huída", una parte de la cantata "Navidad Nuestra", de Ariel Ramírez y Félix Luna, interpretada por Acullá y una parte del Coro Ministerio Musical, el año pasado, en concierto en la Universidad de Concepción.
sábado 26 de julio de 2008
La última chupada del mate

BASTABA QUE YO ME PUSIERA AL DÍA y con esfuerzo y cariño dedicara noches de desvelo a mantener mi blog (ese Fotolog de los que no tenemos cámara ni mucho que fotografiar) para que el Blog dejara de ser la última chupada del mate. Siempre me pasa lo mismo. Ahora dicen los periodistas de la sección de actualidad tecnológica de las noticias que lo que se lleva es el Facebook; es como la marca de la Bestia de nuestra época (al menos espero que todavía sea así para cuando termine de escribir este post) y que al Blog ya no le alcanza ni para marca del indio.
Yo tuve que abrir uno un día que el Chelo Palma me anduvo recriminando por tener la indecencia de no estar en Facebook. Y pensar que ése en su época únicamente gozando providencialmente de una racha de buena fortuna resultaba esperable que se lo viese siquiera insertar word art en la portada de su trabajo, como gran progreso en el campo de la informática. Y ahora está en la red el lindo. Me dijo que no tenía cómo contactarse conmigo, que no sabía qué estaba haciendo… ¡y resulta que (para mi desgracia) lo tengo que ver todos los días desde hace 10 años!
Le he empezado a agarrar la onda al Facebook, en todo caso, aunque no cacho mucho. Veo que cada cierto tiempo (45 minutos aprox.; el tiempo en la red es con la chala a fondo) aparecen encuestas de dudoso apoyo a la autoafirmación de la personalidad; quiero aprovechar de pedir que no me manden más esas encuestas, porque ya tengo mi personalidad bien clara; soy:
- Marca de champú: Alberto VO5
- Figura geométrica: trapezoide
- Enfermedad venérea: gonorrea
- Hueso del cráneo: esfenoides
- Actriz porno: Virginie Gervais
- Panelista de SQP: Nacho Gutiérrez
- Comuna de Chile: Lolol
- Presidente de Camerún: Paul Biya (no contesten esta encuesta; no hay muchas opciones)
También parece que la gracia es satisfacer ese viejo afán de cuantificar el éxito social de uno en cuanto a número de de contactos; y ahí esos contactos se llaman todos “amigos”, no hay “conocidos”, “compadres”, “yuntas”, “colegas” ni nada; obligado a ponerle “amigo” al sobrino de tu jefa, aunque te caiga como patada en la guata, porque ahí no hay sección de “contactos estratégicos”; hasta hay que ponerle “amigo” a ese que antes tenía derecho al puro apelativo de “el huevón del frente”. De repente hasta huele a comunería la cosa. Y la selva de amigos crece con los más variados tipos de relaciones; y uno dele preocupándose de cuántos amigos tiene y ni considera que esos “amigos” no son mucho más que el cabezón Correa, uno que ni saludábamos en el liceo y que no nos sabíamos ni el nombre. Y resulta que ahora somos amigos. Mira tú.
Otra gracia es que hay mucha gente metida en el cuento; es como una confabulación la cosa. Y cada contacto tuyo tiene su propia lista de 150 pelagatos que lo tienen ahí colgado para hacer bulto; entonces uno puede buscar a esa gente de antaño que uno dejó de ver (porque no le interesaba seguir viéndola) y ahora mantener contacto.
Buscando personas uno se da cuenta de que en la red la gente se ve toda igual: el guatón Muñiz, que te sacaba la contumelia en el baño del colegio y que nunca ostentó una cara mucho más aparentemente sensata que cualquier primate, en su foto de Facebook parece cualquier latino de Florida y hasta te dan ganas de enviarle una invitación. Y se la envías, también. Y él te recuerda lo bien que la pasaban en el liceo; a uno puede todavía dolerle la patada en la canilla que le aforró a propósito en la clase de gimnasia, pero igual en la pantalla el guatón se ve más cercano y, como nunca, casi parece humano. Entonces uno hasta pregunta esas cosas que jamás preguntó y que sólo le importan en ese universo paralelo virtual: ¿qué está haciendo?, ¿está pololeando?, etc.
¡Hay tanta gente ahí metida y tanta cuestión que tienen colgada en sus sitios! Sólo por el avance de la tecnología, que hace que cada vez sean más pequeños físicamente los espacios virtualmente más gigantescos, es que podemos llegar a explicarnos que se desperdicie un choclón de megabytes en las tonteras de fotos del Chelo Palma, que jura que a alguien le importan y ni su mamá las quiere ver, porque hasta ella le rechaza las invitaciones para ser su amiga en Facebook.
Yo estoy también ahí, pero no entiendo muy bien todavía y cuando entienda bien y le agarre la gracia ya no va a ser la última chupada del mate. No es primera vez que me pasa: nunca aprendo, siempre me quedo atrás. Sin ir más lejos, el año pasado me tuve que retirar, porque era el único alumno que quedaba, del curso intensivo de iniciación al baile Axé, y fue lo mismo con otras contingencias en su tiempo: el lápiz porfiado, el baile del perrito, los Doritos, los DVDs, los desnudo públicos, el imeil, l scrtr d xat, etc. Es la tecnología y la sociedad que avanzan con su ritmo vertiginoso (ritmo de reggaetón). Una vez incluso, después de que ya había renunciado a mi trabajo, me enteré de que la cuestión de que Bill Gates me regaló una chorrera de plata es una pura funa: "¿pero tú qué estai haciendo cuando dicen en las noticias, en los programas, en la red, que esas cuestiones son puras tonteras?", me pregunta el Aníbal Maluneo, y ni se acuerda de que él mismo fue el que me pasó la pila de películas de El Señor de los Anillos y capítulos de la primera temporada del Dr. House con los que tengo que ponerme al día cada vez que tengo un rato libre.
No sé qué viene ahora. Tal vez ya sea muy pasado de moda, pero un amigo me contó que lo último que se lleva es bautizarse por internet (darse de alta) en la Comunidad Apocalíptica Virtual, que asegura que el mundo se va a acabar cuando se llenen todos los discos duros del mundo de puras leseras (fotos del Chelo Palma, videos de diapositivas de algún gil, todos los capítulos en calidad DVD de "El señor de la querencia") y caigan sobre la red mundial los doce virus. Entonces se generarán avisos falsos por spam que darán la noticia del fin; pero la Comunidad sabe que debe estar atenta al correo, esperando la señal de alerta del mensaje final, con el subwoofer a todo chancho. Yo no me voy a sumar a esa soberana tontera, porque además no le encuentro gracia (aunque tal vez lo considere cuando salga como la última tendencia en las noticias de tecnología de la tele y todo el mundo tenga su cuenta).
Lo único que tengo claro por ahora es que me siento como ese compañero del liceo que llegó al curso a mediados de mayo y que nunca más en toda la media se pudo enchufar, porque cuando lograba ponerse al día en algo, eso ya había pasado y estaba a caballo de otra cuestión que no tenía ni idea: ¿será que yo me perdí alguna parte de las cosas porque me dio peste y no me acuerdo?
A todo esto, ¿qué será de ese socio? Voy a echarle un vistazo en Facebook.
P. S.: Le mandé un virus al guatón Muñiz (iba en un archivo que decía “vale por una patada en la canilla”). No me acordaba de lo patán que era conmigo. No por estar en Facebook ha cambiado... ¿o sí?
miércoles 2 de abril de 2008
Cómo hacer un buen currículum con mala materia prima
EL INGENIOSO INGENIERO ALONSO HIDALGO es conocido en la industria porque fue el primero que tuvo la idea de embalsamar pancutras, es el pionero en agrandar con aire las bolsas de papas fritas y ponerles “20% extra” en el envase, es el gestor de la solución de las empresas de buses que aclaran que ellos “no suben el precio del pasaje en las fechas pic” sino que “lo bajan el resto del año” y también es uno de los pocos que se ha atrevido a revelar los criterios con los que se rige la selección de personal en Chile. Su importancia en el mundo empresarial parece no mellar su calidad humana, de manera que cuando llegamos a conversar con él nos atiende muy esmeradamente y casi nos hace sentir como si estuviéramos en su misma etapa evolutiva.
Vamos al grano al tiro y le preguntamos cuáles son sus recomendaciones a la hora de buscar trabajo:
–Pero hombre, yo lo veo que ya está trabajando.
–Pero es que aquí ni pagan, para que vea usted.
–Ah, caramba. Debió haber sido ingeniero entonces; no sabía que su pega andaba tan mal. Pero si cree que todavía puede encontrar trabajo en esa cosa que hace usted, pare oreja con estas recomendaciones.
Vamos a partir por el principio; póngale play a la grabadora...
–Sí, ya está. Me gustaría que nos dijera dónde comenzar buscando ofertas de empleo.
–Mire, eso es más bien secundario (porque es casi seguro que por ese camino no va a conseguir). Lo que tiene que tener más claro es dónde NO hay que buscar: 1) en los diarios que uno pilla en la casa – porque es cesante y pobre y no tiene plata para comprarse unos nuevos- porque esos son del año ñauca; 2) en El Venus, porque ahí buscamos los puros cesantes de pelo alto; 3) en la sección “Otros” de los avisos de empleo, porque ahí va a perder su virginidad; 4) en las páginas amarillas, porque ahí no hay avisos de empleo; y 5) en el Semanario de lo Insólito, porque esas son puras ofertas para México.
–¿Y por qué camino voy a conseguir trabajo entonces?
–Por el lloriqueo con sus amigos, el tirar currículum a la chuña y la nunca bien ponderada mediación negociadora de su mamá. Si usted es creyente –y según como andan las cosas- le convendría el ayuno y ponerse bien devoto con “El de arriba”...
–¡Ésta sí que está buena! ¡O sea que tengo que tener pituto con Dios!
–¡De qué Dios me habla! Yo me refiero al de arriba en jerarquía, el jefe.
–A propósito de metafísica, algunos amigos me han comentado que, en vista del apuro, han barajado la posibilidad de un buen pacto con Don Sata (ya estaban haciendo algunas gestiones, según ellos) ¿Qué recomienda usted?
–Dicen que ese finiquita cada dos meses a sus trabajadores para no tener que pagarles vacaciones, a los que no hacen horas extras los “recorta” del personal a fin de mes, no les acepta licencias médicas, para costear gastos les baja el sueldo a todos menos a él mismo y, como si fuera poco, tortura a sus trabajadores con espantosas comidas con el personal. Es casi peor que un empresario microbusero.
–¡Cómo tan malo!
–Por algo es la personificación del mal, pues. Sigue siendo lo más conveniente irse por el ignominioso camino del currículum y las entrevistas.
–¿Y qué recomendación nos haría usted para esas instancias de las entrevistas?
–Que bueno que lo pregunta; ya estaba por creer que era más tonto de lo que su profesión requiere. En una entrevista, antes que su currículum, su experiencia y su afabilidad, está su vestimenta. La primera recomendación a este respecto es: hay que ir CON ROPA; podrá parecer tonta la recomendación, pero si se hace es porque ha habido casos. Esta recomendación vale si y sólo si usted no acude a un aviso en que se solicita señorita para trabajo discreto. En el resto de los casos, y pasada esta primera barrera, conviene ilustrar acerca de qué ropa NO hay que usar; aquí algunos ejemplos: jardinera de mezclilla con zapatos rojos (llegado el caso, que sean amarillos, para que rime con la mezclilla), tacos altos (si usted es varoncito), sungas, bototos, suspensores, corbata de humita, etc.
–Señor Hidalgo, por último, nos gustaría, a mí y seguramente a nuestros lectores, que usted nos diera algunas indicaciones acerca de cómo construir un buen currículum (para justificar el título de esta entrevista, digo yo).
–Así lo haré, para hacer el gusto de ese par de pelagatos. Como yo siempre he dicho, lo más importante no es hacer sino parecer que has hecho; en este entendido, hay que tener sumo cuidado para escribir un buen currículum. Muchas personas no sacan suficiente provecho del pobre material que tienen; parecer no es mentir, ese es un escrúpulo innecesario; se trata más bien de presentar elegantemente lo poco y nada que se ha hecho.
–No entiendo un pucho.
–No me extraña. Déjeme que se lo ejemplifique: si usted tiene la mala fortuna de ser profesor de castellano y un amigo que está postulando algún proyecto (FONDART, por ejemplo) le pregunta si “proyecto” se escribe con “y” o con “ll” y usted lo ayuda a escribir eso, puede caer en la tentación de considerarlo ínfimo como experiencia, pero el valor de “infimez” no es algo que va en el hecho mismo sino en su expresión; así expresado, no suena a nada, pero si uno lo replantea puede agarrar otro pelo al tiro: “Voluntariado de prestación de asesoría y consultoría lingüística a entidades vinculadas con la formulación de proyectos gubernamentales”. De este modo, se puede describir como una “Ayudantía voluntaria extraacadémica y no remunerada” la vez que ayudó a la viejita de “Vomitología I” a subir el retroproyector al cuchitril de recursos audiovisuales; o bien, como “Pasantía universitaria interna autogestionada, tendiente a compartir experiencias inter-carreras” la vez que llegó curado a clases y se equivocó de sala.
Un dato más a propósito de la elaboración de un currículum: hay que acordarse de la palabra “entidad”; no es pecado usarla a cada rato. Todo es susceptible de nombrarse como entidad: la “entidad de la esquina” puede ser una institución gubernamental, un kiosco o la vieja de la esquina; la “gallarda entidad del frente” puede ser una avanzada de guerra como también una mina rica que va cruzando por la vereda del frente. De esta manera, puede constatar –por ejemplo- que sus estudios fueron financiados por una “entidad social y cultural”, refiriéndose a su papá, como ente social y cultural que es. Note el pelo que agarra cualquier mísera y cicatera actividad en que usted haya tenido que levantar mínimamente el poto de la silla cuando hay por ahí alguna “entidad” involucrada.
Y así, bien podríamos decir que ese es el camino para el triunfo.
–Me deja usted con la boca abierta.
–Me atribuye usted mérito en lo que no he tenido participación alguna.
–Muchas gracias por sus sabios consejos, de parte de todos nuestros lectores.
–Faltaba más.
–Chuta, qué lástima que faltara más; pero el tiempo en televisión es caro, así es que lo tenemos que dejar hasta aquí.
De esta manera nos despedimos hasta una próxima entrevista de nuestra sección A la Bolsa de Empleo, esperando que a nuestros lectores les sirva para sus fines laborales la amplia experiencia y trayectoria del ingeniero Hidalgo, que lleva ya 25 años buscando trabajo y ha aprendido en este tiempo todos los gajes del oficio.
sábado 8 de marzo de 2008
Hedores de marzo (o sea, marcianos)

"CHUTA", DIJE YO. Era un acontecimiento para uno (simple hijo de vecino de la comuna de Cocholgue) el primer día en la Universidad, ese “Templo del Saver”. Y como era el primer universitario de la familia, me sentí en la obligación de documentarme al respecto. Ahí comenzaron mis primeras vacilaciones.
Supe de ciertas tradiciones reservadas para los novatos, con carácter algo secreto, dicen. Francisco de Quevedo documenta ya en 1603 en su libro La vida del buscón llamado don Pablos una recepción a escupitajos a su personaje cuando se integraba a la Universidad de Alcalá de Henares, porque no había tenido plata para pagarles “patente”. Esa noche no pude dormir imaginándome al rector escupiéndome la jeta por no pagar la mensualidad. Pero al otro día tuve que ir igual a clases (“responsabilidad de novato” lo llaman); y no me tranquilicé más, porque fue peor.
En efecto, como temía, los españoles nos legaron a nuestra tradición universitaria los ritos de recepción, junto con otros grandes aportes como las tunas. Uno llega a la U. y las primeras veces que ve a los tunos se pregunta si va a tener que ver a sus compañeros en mallas y con pañales en la clase todos los días, pero después se tranquiliza de saber que a los tunos se los va a encontrar en todos lados, menos en clases. Pero del segundo legado ispano-huniversitario nada que se libra uno en la seguridad del aula. Por lo menos la recepción española tenía algo más de sensatez, porque te pedían la plata primero y, si no les dabas, te recibían a escupitajos; pero los chilenos son atravesados, porque primero te escupen y después te cobran por eso... ¡Chis! ¡Nada que ver! Si la baba se vendiera, precisamente en el ámbito universitario tendríamos una mina inagotable de babosos aportando al país.
Pero contra todo el pronóstico del sentido común, ahí estaban afuera los estudiantes avezados bramando. Hay algunos goliardos cara de palo que aprobaron un solo roñoso y cicatero ramo (copiando, rogándole al profe y elevando solicitud a su mamá... a la mamá del profe, se entiende) y por eso se sienten “de segundo” ya, y con autoridad moral para andar organizando con premeditación y alevosía sus bacanales ¡Y vaya que se esmeran por organizarlo! Yo había escuchado de las cochinadas inmundas de los profesionales, pero creía que era en sentido figurado no más. Había una porquería pacientemente organizada, con clara visión de futuro; entre todo el hedor, la podredumbre, los condones (ahí se puso el consultorio) y demases, se veía una cabeza de chancho rancia y apestosa; después supe que esa cabeza, junto con el cuerpo que llevaba colgando del cuello, era el organizador de la recepción. Pudo ser peor, en todo caso, porque dicen que en otras carreras hay que besar la cabeza de chancho y ahí sí que yo creo que se arma la revolución, porque nadie está dispuesto a acercarse a menos de un metro a un degenereque que aprovecha la situación de subordinación de las mechonas para dar rienda suelta a sus fantasías sexuales reprimidas a la fuerza (porque pensó que al entrar a la U. las iba a satisfacer a cada rato, pero no le resultó ni en sus últimos y más desesperados intentos, con la profe de Vomitología I, que será muy simpática y culta y todo, pero baste decir que, en parte, su amplia cultura se debe a sus 45 años de docencia universitaria). Y si más encima esas fantasías sexuales incluyen cabezas de chancho, hay que andarse con cuidado con el tipo.
Yo alegué un rato y traté de sublevar a los otros mechones, hasta que un sabio compañero me dijo: “no seai fome, hay que pasar por esto; es una tradición”. Ahí me quedé más tranquilo, agradeciendo que no sea tradición en Chile la cámara de gas mortuorio; además que aquí también es tradición que los políticos se roben la plata y por eso no hay ni que preocuparse del asunto... Claro que la gente cree que porque algo es tradición no pudo ser inventado igual por un pelotas; hay que acordarse de que los pelotas son tan tradicionales como el que más. Entonces manifesté mi desacuerdo a voz en cuello ante los de segundo (así somos los cocholgüinos), me tacharon de “rebelde” y, en abierto rechazo a esa condición, me sacaron la contumelia. Yo tenía toda la idea de que eran estos mismos los que andaban –por ahí por mayo ya, fecha en que se inicia el Año Quejón Nacional- tirando piedritas a los pacos y haciéndose los rebeldes y después llorando por la tele para que la mamá les fuera a pagar la fianza. Pero me equivoqué, parece.
Así que igual me fui de mechoneo, sin zapato, rumbo al centro. A una señora que le pedí plata en la calle y le expliqué que era para poder volver a la U. y que eran los alumnos de cursos mayores (los más adiestrados) lo que me habían hecho eso, me dijo que no pensaba darme plata para que me adiestrara de huevón; que para eso ya estaba saturado el mercado. De las otras malogradas situaciones, prefiero no acordarme. Alguno por ahí, que ya había pasado por eso, me consoló: “la vida universitaria te va a enseñar de a poco a acostumbrarte a la apestosidad, guacho”.
Pero todavía podemos confiar en la patria, porque el rector (que es un señor que sale en las fotos con los académicos visitantes del extranjero) ha “manifestado su rechazo” ante esas prácticas; así que con eso –y dos más- estamos al otro litro. Además, la federación de hestudiantes también ha dicho que “no más”, y a uno eso lo intimida al tiro, aunque después salga el presidente de la misma federación diciendo que el mechoneo “igual es rescatable, porque es una tradición”. Por último, una medida buena y que me sorprendió es que a algunas carreras les dieran plata por no vejar a sus novatos; así que ahí estoy considerando la posibilidad de solicitar una beca por concepto de que no voy a quebrar las tazas del baño de la facultad... tanto.
